Los cambios en la microbiota del hogar pueden explicar el efecto protector de tener un perro sobre las infecciones del tracto respiratorio infantil, el uso de antibióticos y el número de semanas saludables durante el primer año de vida.
La exposición a perros y otros animales domésticos puede tener efectos positivos en la salud humana, como una mayor frecuencia de actividad física; los niños que interactúan con un perro parecen tener mayor confianza y una menor probabilidad de contraer infecciones del tracto respiratorio, las cuales se sabe que aumentan el riesgo de asma infantil. Algunos estudios sugieren que la exposición a un perro reduce el riesgo de enfermedades alérgicas, mientras que otros afirman que el perro aumenta el riesgo de alergia y asma en los niños. Sin embargo, se desconoce la causa de este fenómeno. Una posibilidad son las exposiciones microbianas en la primera infancia, las cuales se sabe que afectan el desarrollo del sistema inmunitario y la microbiota del niño y, por lo tanto, el riesgo de enfermedad. Por ejemplo, se ha descubierto que la microbiota en el hogar explica algunos de los efectos protectores de las granjas de ganado contra el asma y las alergias.
Estudios previos han determinado el impacto de las mascotas en la microbiota del hogar y del intestino humano. Las mascotas alteran la microbiota de los hogares, pero no se ha estudiado si estos efectos en la microbiota del polvo doméstico median los efectos beneficiosos para la salud asociados a las mascotas en los niños, como la menor prevalencia de infecciones respiratorias.
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