1897 - 2021

123º Aniversario - Trayectoria y excelencia al servicio de la profesión.

En una mañana nublada de octubre, un equipo de científicos se adentró en la mata atlántica de Brasil. La historia de un operativo insólito pero crucial.

Un hombre llevaba lo que parecía una vieja antena de televisión y un machete. Una mujer a su lado sostenía una pequeña jaula de metal, una trampa, y dos bolsas repletas de plátanos. Su misión: detener el próximo brote de fiebre amarilla en los monos antes de que se extienda a los humanos.

Puede que Brasil esté tratando de hacer frente a la segunda tasa más alta de muertes por covid-19 en el mundo, después de Estados Unidos. Pero los científicos temen que esta otra enfermedad, mucho más letal, pueda irrumpir de nuevo en el país sudamericano. 

La fiebre amarilla infecta a unas 200.000 personas y mata a 30.000 de ellas cada año, más que los atentados terroristas y los accidentes de avión juntos. Causada por un virus que se propaga entre humanos y primates a través de los mosquitos, sus síntomas incluyen fiebre severa, dolores de cabeza y, en algunos pacientes, ictericia (coloración amarilla de la piel que da nombre a la enfermedad). Los casos graves pueden provocar hemorragias internas y fallo hepático. Aproximadamente el 15% de las personas afectadas por la fiebre amarilla morirán de ella si no están vacunadas, una tasa de mortalidad muy superior a la de la covid-19. En los últimos años, Brasil vio más casos de fiebre amarilla que cualquier otro país.

En diciembre de 2016, un brote comenzó en Minas Gerais y se extendió al vecino Espírito Santo. En ese momento, unos 40 millones de brasileños en riesgo de contraer la fiebre amarilla carecían de vacunas.

En mayo de 2017, se había extendido a lo largo y ancho de Brasil, con focos en los estados vecinos de Río de Janeiro y Minas Gerais, pero con brotes adicionales en lugares tan lejanos como el estado norteño de Pará, a casi 4.800 km de distancia.

Fue el peor brote en más de 80 años. Se infectaron más de 3.000 personas. Casi 400 murieron en cuestión de meses. “Cuando tienes primates atrapados en pequeños bosques en una densidad alta... es fácil que todos se infecten”, aseguró Carlos Ramón Ruiz-Miranda, biólogo conservacionista de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro.

En los bosques infestados de mosquitos de Brasil, la enfermedad parece saltar con especial rapidez entre los tamarinos león dorado (así se llama esta especie de monos) y los humanos. Pero aunque los mosquitos son los portadores, son las personas las que están empeorando la situación.

A medida que los humanos invaden más y más la selva, reducen la diversidad biológica y se acercan al hábitat de otros primates. Esta tendencia no se detendrá pronto, lo que significa que el próximo brote puede ser aún más mortífero.

El reto de la vacuna
A solo 80 km del lugar en que los científicos buscan a los monos se encuentra la ciudad de Río de Janeiro, la sexta mayor área metropolitana de América. A seis horas en automóvil, se encuentra São Paulo, la mayor metrópolis del hemisferio occidental.

La relativa proximidad de estas densas zonas urbanas a los bosques crea las condiciones perfectas para una epidemia de una magnitud inédita desde que se descubrió la vacuna contra la fiebre amarilla, hace casi un siglo. Y eso incluso teniendo una vacuna la fiebre amarilla, una “muy eficaz”, dice la colega de Ruiz-Miranda en la Universidad de Río, una investigadora de genética y primates de 33 años llamada Mirela D’Arc.

En 2018, el gobierno anunció una campaña para vacunar contra la fiebre amarilla a casi 80 millones de los 210 millones de brasileños. En algunos municipios, hasta el 95% de los residentes han sido vacunados. Pero en las ciudades más grandes del país la tasa apenas supera el 50%.

Muchos brasileños no confían en las directrices de su gobierno cuando se trata de la salud pública. La corrupción en Brasil es rampante y, aunque la vacuna se administra gratuitamente, muchos suponen que se les dice que se vacunen para que otros se enriquezcan con ello.

Esta desconfianza ha obstaculizado el reciente impulso para vacunar a 23 millones de personas que viven en São Paulo y Río y sus alrededores. Tras el brote de 2016-17, las largas colas para conseguir la vacuna y las noticias falsas difundidas en las aplicaciones de mensajería que decían que no era efectiva disuadieron a algunos de vacunarse.

Es más, puede que no haya suficientes vacunas para todos. La Organización Mundial de la Salud ha pedido a los fabricantes de productos farmacéuticos que aumenten la producción, pero la vacuna “sigue estando restringida debido a la limitada capacidad de producción”, informa Unicef.

Como resultado, apenas la mitad de las personas que vive en Río se han vacunado contra la fiebre amarilla. Podría haber otra manera. En el mundo hay 7.800 millones de personas, pero sólo unos 2.500 ejemplares de la especie tamarino león dorado.

Así que para detener futuros brotes entre los humanos se podría utilizar un enfoque novedoso: vacunar a nuestros hermanos peludos y amantes de los plátanos. “Una forma de detener la propagación de la enfermedad es vacunar a los humanos y a los tamarinos” por igual, explicó D’Arc.

“Si se vacuna a los monos, hay menos individuos portadores de la enfermedad”, sostuvo Ruiz-Miranda y agregó: “Es una inmunidad de rebaño”.

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Fuente: BBC Mundo - LaNación.com.ar

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Curiosidades

Los 10 principales avances médicos de la Edad Media

Todavía la percepción que el ciudadano medio tiene sobre la Edad Media es la de que fueron tiempos oscuros, con multitud de calamidades, poblaciones analfabetas y un retroceso sustancial en cuanto a los avances médicos que la Antigüedad había aportado. Todo ello no son más que apriorismos que colocan en un puesto de inferioridad a los tiempos medievales respecto a otros momentos de la Historia. Sin embargo, un análisis detallado nos revela que en el Medievo surgieron muchos de los logros de la Medicina que todavía hoy están vigentes. Aquí están los 10 principales avances médicos de la Edad Media.

1. Hospitales
En el siglo IV de nuestra era el concepto de hospital, es decir, un lugar donde los pacientes podrían ser tratados por los médicos con equipamiento especializado, estaba en su embrión en algunos lugares del Imperio Romano.

Más tarde, en Occidente, los monasterios fueron los centros donde surgieron los primeros hospitales para dar servicio a los viajeros, transeúntes y pobres. Mientras, en Oriente, en el mundo árabe, los hospitales surgieron en el siglo VIII. En ellos había un número importante de médicos que estaban especializados en materias diferenciadas y separadas unas de las otras en distintintas áreas.

2. Farmacias
La primera farmacia se abrió al público en Bagdag, capital de Califato Abásida, en el año 754. Estas oficinas en las que se dispensaban medicinas y remedios medicinales preparadas por un boticario por prescripción de un médico.
En el siglo XII llegaron a Europa y a partir de ahí el farmacéutico se convirtió en uno de los profesionales de referencia dentro de las ciudades.

3. Gafas
No sabemos quién fue el inventor de las gafas, un instrumento óptico que permitía corregir los problemas de visión, pero a finales del siglo XIII ya eran bien conocidas en Italia. Giordano de Pisa pronunció un sermón en 1305 en el que hablaba de la invención de las gafas veinte años atrás. Años después, en 1352, aparece la primera representación de una persona usando gafas; la encontramos en un fresco de Tommaso da Modena en la que aparece el cardenal Hugo de Provenza.

4. Anatomía y disección
Los médicos medievales tenían un profundo conocimiento de la Anatomía humana. En 1315 el médico italiano Mondino de Luzzi realizó una disección pública para sus alumnos y espectadores ocasionales que quisieron asistir a este acontecimiento.

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